5 oportunidades para la construcción eco-social de micro autonomías urbanas.

Somos protagonistas de un momento decisivo para la humanidad, la fragilidad de la sociedad contemporánea expresada en lo vulnerable de lo físico se hace manifiesta y futil como nunca antes lo habíamos visto – mientras vemos en la TV casi en tiempo real – y bajo la sombra de una nube radioactiva, cómo una ola negra de agua marina entra en la costa japonesa devastando a su paso cualquier muestra de lo que hasta hace unas pocas horas habíamos llamado civilización urbana. Por estas condiciones de realidad que han sucedido en los últimos días no me es fácil dejar de lado lo que esta nueva realidad supone: la idea o concepto de políticas públicas adquiere un sentido algo inesperado, las políticas públicas no son sólo un vector de fuerza y energía necesario para mantener o re-estructurar un sistema social y urbano, bajo estas condiciones, una fuerza nueva se perfila ya no como un sistema de decisiones aisladas que mantiene lo existente, sino que pasa a ser un instrumento de re-fundación social y reinvención física. El caso de Japón se presenta como un símbolo y oportunidad para la refundación del orden social, ambiental y humano que estos tiempos y condiciones demandan. Vale la pena resaltar que, contrario a Haití ó Chile, los ciudadanods japoneses han actuado mancomunados, mostrando un espíritu de coherencia social y solidaridad que también nos da un ejemplo contundente, y es que en tiempos de dificultad, sólo la solidaridad permite sobreponerse a la realidad inmediata y construir un nuevo horizonte.

Al mismo tiempo, un reactor nuclear a punto de estallar no es sólo un tema de preocupación local, ni siquiera un asunto de política nacional japonesa, no es nada más y nada menos que la materialización on-line de las políticas de la sociedad del riesgo. Esta es sin temor a exagerar la exposición más contundente de los últimos años de lo obtuso y agotado del modelo habitacional humano vigente, los temores de los científicos y todas aquellas elucubraciones antes consideradas de ficción, ahora se empiezan a experimentar sin vuelta atrás, sin intermediaciones argumentales, pura experiencia – directa y real – poniendo en tela de juicio la relevancia técnica y material de lo que hasta la fecha había sido el modelo económico, social y político de la humanidad.

Bajo este clima óptimo para el tránsito intelectual se abre la posibilidad de un nuevo orden, un camino – no necesariamente a la fuerza como en el caso japonés – para repensar y rehacer las sociedades y sus ciudades bajo un nuevo pardigma. Seguramente este ya no será sobre el paradigma mecánico, antropocentrico y explotador; probablemente y de manera optimista, estos hechos confirman la necesidad de dar el giro, desviarnos del modelo de desarrollo existente y dirigirnos hacia las restricciones y posibilidades, ante todo obligatorias y necesarias que el nuevo orden del paradigma ecológico sugiere. Habría que ser bastante insensato continuar aferrado a los modelos de administración del espacio bajo un enfoque moderno y netamente progresista, aquel donde el fin justifica los medios por la ilusión del progreso. Se considera progreso y es conveniente demoler miles de m2 para trazar una autopista para el vehículo privado? Vale la pena instrumentar a la población urbana en la habilidad de tomar micro decisiones para la sostenibilidad. Cómo desmontar la periferia y hacer de las ciudades modelos más compactos? Dónde radicar las estructuras de poder y decisión bajo esta nueva condición? Qué significa infraestructurar?

Adquiere particular importancia bajo esta sombra radioactiva repensar el enfoque y las estructuras constituyentes que dan vida social, estabilidad y energía a las ciudades. Bajo estas nuevas reglas de juego nos vemos obligados a pensar en el rol de los diferentes actores que participan del intercambio que se produce en la ciudad, el alcance de las decisiones y ante todo la posibilidad de construir nuevas oportunidades sociales bajo el nuevo paradigma. Desde hace un par de años se vislumbra una ilusión de protagonismo mundial para latinoamérica en el horizonte político, económico y social. No sólo Brazil con su nuevo desempeño en el contexto político mundial y su condición de nueva potencia económica haciendo parte de lo BRICS[1], sino también Colombia, haciendo parte de los CIVET[2] y México del N11[3].

Vemos sin lugar a dudas que estas proyecciones sólo serán justas y posibles desde la interacción y coincidencia de dos escalas de decisión e implementación:

Estructuras de decisión ascendentes y descendentes. Las organizaciones descendentes son aquellas que administran jerarquías y poder oficial, son instituciones socialmente aceptadas, fluyen dentro de un marco social, político y económico acordado. Estas operan, disponen y distribuyen variables, órdenes y autoridad de arriba – abajo, dependen de normas, autorizaciones, presupuestos y en un sentido distorsionado y deforme utilizan la inercia ganada por la docilidad ciudadana para no hacer sino lo “necesario”, pues estas organizaciones están cargadas de compromisos políticos por lo general a corto plazo, lease: período de gobierno. El ejemplo más claro de este tipo de organización vertical descendente son las oficinas de planeación municipal, el gobierno central, el ministerio de vivienda, etc.

Las organizaciones de sentido vertical ascendente son precisamente auto-organizadas – comparten información entre sus componentes de manera vertical, no circulan de manera fluída, la energía que hay que invertir para garantizar su circulacion es muy alta, por lo tanto, son eficientes en el manejo de los recursos (energía), son blancos de crítica directa y destructiva porque son frontales, es la masa organizada. Estas tienen un nombre específico, un doliente. Y, la más importante de todas las características: tienen una ilusión objetiva. A diferencia de las organizaciones descendientes verticales – las cuales tienen intereses variables, a conveniencia del partido politico de turno en el poder – las organizaciones ascendentes operan por objetivos colectivos, independiente de “turnos en el poder”. El ejemplo más concreto de este tipo de organizaciones son las sociedades de vecinos, asociación de ciudadanos, ONG´S, asociaciones de profesionales, las universidades, etc.
Aunque siendo conscientes de la magnitud del lente de análisis, no vemos otra opción posible para poder exponer de manera sensata las implicaciones de las decisiones territoriales y nacionales sobre el destino de las ciudades y, por lo tanto, la necesidad de desarrollar y tener políticas públicas de largo aliento y multi-escalares.

Pues bien, bajo este panorama general vale la pena resaltar 5 condiciones que configuran nuestro mapa de análisis propositivo encaminado a dilucidar y a establecer caminos posibles para la elaboración de políticas públicas enfocadas a reconstituir las ciudades bajo un nuevo paradigma y estimular el desarrollo eco-social sostenible.

1. Distribución poblacional equitativa a escala nacional = Distribución de oportunidades.

La distribución poblacional equitativa a escala nacional garantiza destinar muchas más ciudades zonas para la habitación humana, mayor cantidad de zonas de protección ambiental debido a que hay más centros urbanos construyendo condiciones propicias para la inversión y el intercambio y, por lo tanto, zonas de producción agrícola apoyadas en sistemas tecnológicos industriales, las cuales evitan el desplazamiento de la frontera agrícola productiva. Estas zonas actúan entremezcladas sin necesidad de estar concentrando toda la presión social y económica en un sólo lugar. En vez de estimular a sus ciudadanos – por políticas excesivamente centralistas[4] – a la depredación constante de las zonas de reserva natural en busca de sistemas de subsistencia personal o para la mega ciudad, las políticas públicas encaminadas a desarrollar diferentes núcleos urbanos a lo largo y ancho de los territorios nacionales están ,a la vez, distribuyendo oportunidades. Si una ciudad concentra un porcentaje muy alto de la población nacional en un sólo foco geográfico, es posible que la demanda ejercida sobre ese territorio haga que la ciudad con sus sistemas de transporte y su dinámica económica colapse. Al permitir por omisión o con intención una extensión urbana más alla de sus propias capacidades adminsitrativas produce necesariamente zonas de exclusión y hay carencia de oportunidades. Un barrio sin la infraestructura básica o la presencia permanenete del estado construye comunidades fisuradas, pues estas sólo existen para sobrevivir, cualquier oportunidad que pase por sus manos será necesariamente para buscar su propio beneficio, dejando de lado la noción de crecimiento colectivo y mancomunado. Las políticas públicas deben obligatoriamente estimular y sobre todo buscar la posibilidad de establecer estructuras sociales cohesionadas.

2. Conectividad.

Hablar de conectividad implica necesariamente hablar tanto del servicio de conexión tecnológica disponible en un territorio como de la posibilidad física de interactuar e intercambiar con otros. La conectividad obliga necesariamente a construir una nueva relación con el territorio y con los colectivos que allí se asientan, puesto que si algo ha cambiado casi de manera paralela en el desempeño profesional tanto de la arquitectura como del urbanismo es la idea y noción de espacio gracias a la posibilidad que genera el intercambio como material fundamental para vincular a los humanos y a los no-humanos dentro de las superficies de contacto que éstos ocupan y habitan[5].
Desde los principios primarios del urbanismo clásico, aquel que pensaba que se le podía dar forma a la ciudad y diseñarla tipo Beaux Art y con la firme ilusión de que esta seguiría sus planes – casi inmodificables – hasta la misma arquitectura actual donde algunos todavía creen que los edifcios son esculturas en el espacio, ha sido una prioridad dar forma a la superficie donde suceden las relaciones humanas, pero el giro que no se había producido sino hasta hace relativamente poco es el que aporta la condición digital. Nunca antes había sido posible permitir contactar personas a lo largo y ancho del mundo y construir redes inmensas, llámese redes sociales con etiqueta estable tipo Facebook o simplemente y a través de la infraestructura que construyen los medios de comunicación. Hoy, el que una comunidad aislada tenga acceso a mercados comerciales globales, sociales y solidarios sólo es posible a través del soporte que estas comunidades pueden tener a través de internet y sus derivaciones. Esta cualidad de la conectividad permite superar, por lo menos temporalmente, los impedimentos geográficos y hacer que una comunidad adquiera un rol activo dentro de las dinámicas sociales de un país.[6]
De la mísma manera como la conectividad digital facilita el intercambio entre comunidades dispersas y distantes, el espacio público actua en las ciudades como superficie de contacto. Las dinámicas económicas cada vez más controladas y estimuladas desde el sector público, son las responsables de perfilar el contacto entre los ciudadanos. El papel del Estado ante esta situación puede ser la de facilitar, construir y gestionar y velar por el espacio público. Solamente el Estado o las organizaciones de toma de decisión ascendentes son capaces de establecer un equilibrio frente a la fuerza de lo privado, y ese equilibrio es sólo posible en la medida en que estos individuos tienen contacto entre sí, preferiblemente físico y directo. Es precisamente por la falta de contacto entre individuos que se genera el aislamiento forzado de las comunidades urbanas, y coincide esto allí donde el Estado no tiene presencia. A mayor ausencia del Estado mayor dificultad de generar comunidad.

3. Estabilidad social – Control demográfico.

La estabilidad social está vinculada al número de oportunidades laborales y de desarrollo humano que existen en un territorio. Cuando en un territorio confluyen oportunidad laboral y estabilidad social, dicho territorio tiene una ventaja sobre sus competidores, puesto que tiene como invertir su surplus en proyectos y perspectivas de mediano y largo plazo garantizando reservas a futuro, y puede pasar así, de ser una comunidad de supervivencia a una comunidad de estabilidad y proyección. Cuando en un territorio se presentan cataclismos o existen factores de inestabilidad por largo plazo, la migración humana se activa inmediatamente, haciendo que no sólo se produzca una fuga masiva de habitantes sino también de su capital humano con su saber hacer. Hoy en el afán por la competencia y la competitividad es fundamental garantizar la diferenciación de la oferta a través del producto. Todos los productos tienden a ser los mismos en el mundo, la diferencia radica en la capacidad de cada cultura de acceder a elementos propios de su entorno y convertirlos de acuerdo a su saber hacer (tradición) en elementos únicos.[7]

Por otra parte, es necesario que el Estado sea el promotor número uno del control de natalidad, casi ninguna ciudad del mundo es capaz de sostener socialmente un número de habitantes superior al de sus capacidades. A mayor cantidad de habitantes en economías débiles mayor oportunidad de desbordar y establecer economías informales. En una estructura donde la economía informal es fuerte, la delincuencia y la corrupción son mayores, por lo tanto, menor será la tributación de sus ciudadanos, pues al existir tantos frentes donde es necesario poner el dinero de los impuestos y ante la desconfianza de los ciudadnos frente a sus dirigentes, sucederá de manera simultánea un mayor descontento de los aportantes puesto que no verán reflejados sus ingresos en beneficios urbanos o sociales; al mísmo tiempo todos aquellos que subsisten por dicha economía informal no aportan ningún centavo a dicha estructura socio-económica, haciendo que el modelo de ciudad y organización espacial se deteriore cada vez mas. Es por esto que el estado por encima de cualquier institución religiosa debe ante todo evitar la explosión demográfica desmedida y garantizar que los recursos provenientes de los impuestos circulan por igual en toda la ciudad en inversiones sociales simétricas.

4. Inercia Industrial.
La estabilidad social está directamente realacionada con la solidez de las estructuras industriales y de servicio. Muchas sociedades, tanto americanas como europeas y algunas suramericanas, ante el boom del mercado productivo asiático han decidido dejar de fabricar en su propio territorio y se han llevado los puestos de trabajo, el cual bajo un pretexto a corto plazo sobre el costo directo de producción han dejado miles de m2 desocupados y a comunidades enteras desocupadas.
Para poder construir cierto grado de estabilidad laboral es preciso sacar partido de los productos especializados con valor agregado, tipo Denominación de Orígen[8], y por otra parte, reforzar y estimular la industria nacional para evitar migraciones industriales y minimizar el efecto de los capitales golondrina. Al mismo tiempo, es fundamental construir cierta autonomía industrial, garantizar cierto nivel de autoabastecimiento, principalmente en los bienes básicos y productos de la canasta familiar. Este tipo de políticas públicas las entendemos como “infraestructuras” para el desarrollo humano y social, y son claves en la sostenbilidad de las ciudades y sus habitantes.

5. Autonomía Hídrica y Energética Responsable.
De la misma manera como sucede en las 4 condiciones anteriores es preciso que cada sociedad, tanto desde las políticas públicas oficiales como por la demanda de sus comunidades, sean capaces al mismo tiempo de las políticas públicas construir micro-autonomías, es decir, ser capaces de establecer parámetros de sostenibilidad individual sin la necesidad de depender en altos porcentajes de la capacidad estatal o empresarial de construir infraestructuras territoriales. Aunque tanto la autonomía hidríca como la energética – en la mayoría de los casos – requieren a gran escala altas inversiones, también es posible construir pequeños acciones que permiten descargar la demanda energética a dichas redes. Hacer planes de manejo de residuos sólidos domésticos y usarlos como pequeños micro productores energéticos como biodigestores, es sólo uno de los usos inteligentes que se le puede dar a la basura. Al mísmo tiempo, establecer redes de protección ambiental garantiza la permanencia y disponibilidad de estos servicios en las ciudades. No es un misterio que más del 60% de las ciudades latinoamericanas no tienen su fuente hídrica en su entorno inmediato. Esta condición implica de nuevo, que la subsistencia en los núcleos urbanos y su sostenibilidad no dependen de decisiones locales, sino por el contrario, cualquier distorsión del núcleo hídrico aparte de alterar el ecosistema local donde éste se ubica repercute en el estado social de las sociedades urbanas que son afectadas.

Las ciudades no son más que nodos o puertos temporales de materializaciones y decisiones que a veces suceden a miles de Km de éstas. A modo de reflexión final, vemos pertinente la construcción y la necesidad de pequeñas autonomías bajo nuevos tipos de políticas públicas. Las ciudades son totalmente interdependientes de las decisiones políticas, los cambios administrativos empresariales y los vaivenes del clima, sólo parece ser posible construir estabilidad en la medida en que nuestra fragilidad se hace manifiesta.

[1] BRIC (Goldman Sachs) y CIVET (HSBC) es la denominación por acrónimos que varios grupos financieros y de inversión han dado a las economias emergentes que se muestarn más atractivas para la inversión y el desarrollo en los próximos años. Vale la pena precisar que inicialmente el grupo que se concebía como BRIC y anunciado a principio de la década del 2000 (Brazil, Rusia, India y China), pero debido a las dinámicas económicas recientes Suráfrica fue catalogada como parte de los BRIC, y ya no como de los CIVET (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto y Turquía).

[2] Los CIVET, son todas las economías diversificadas que no son excesivamente dependientes de los productos básicos. Ellos tienen sistemas financieros sólidos y en crecimiento. Ninguno de miembros países CIVET están sufriendo de una inflación desbocada (aunque la inflación en Egipto está un poco elevada con respecto a las demás). Tampoco ninguna de ellas tienen enormes déficits de cuenta corriente (Vietnam está en los límites, pero la tendencia es positiva).

[3] Varios intentos se han hecho para llegar a armar nuevos grupos de economias emergentes. Goldman Sachs propuso el `N11` : Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, Corea del Sur, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Turquía y Vietnam. Sin embargo, este grupo fue formado para recoger los mercados emergentes similares a los BRIC pero por criterio de número de habitantes.

[4] Es el caso de Argentina (40.000.000 de habitantes, Buenos Aires 12.000.000 de habitantes), Perú (30.000.000 de habitantes, Lima 9.000.000 de habitantes) Chile (17.000.000 de Habitantes, Santiago 5.000.000 de Habitantes), donde las sus capitales absorben alrededor del 30% de la población de cada país.

[5] Un buen ejemplo es el caso de las políticas públicas en Medellín donde las intervenciones de manera integral no sólo actúan sobre el espacio físico sino también en el digital. Para más información se puede visitar la página de Medellín digital: http://www.medellindigital.gov.co/Paginas/Default.aspx

También para ver más al respecto sobre la transformación física y social visitar: http://www.medellincomovamos.org/

[6] El ejemplo más contundente es el de diferentes comunidades de artesanos de los Andes Peruanos, quienes  a través de servicios de Hotmail logran conectarse con los turistas que pasan por su territorio cada año y así logran ubicar pedidos de artesanías en Europa y América. Vale la pena también notar que existe Windows en Quechua, lo cuál facilita el acceso de estas comunidades a la dinámica global de las comunicaciones.

[7] Es el caso de Perú, con su cultura gastronómica, la cuál impulsada por Gastón Acurio, ha logrado consolidar una marca de país gracias a la calidad de sus productos y la particularidad geográfica de su orígen. El planteamiento de Acurio propone que en la medida en que la cocina peruana sea más conocida, mayor será la demanda de los productos con la que esta se elabora, y por ende, habrá mas necesidad de producir dichos alimentos, los cuáles generaran miles de puestos de trabajo y más opciones de desarrollo al interior el Perú. Para más información ver el discurso pronunciado por Gastón Acurio en la Universidad del Pacífico: http://www.carabayllo.net/temas/cultura/81-el-discurso-de-gaston-acurio.html

[8] Una denominación de origen  es una indicación geográfica constituida por la denominación de un país, de una región o de un lugar determinado, o constituida por una denominación que sin ser la de un país, una región o un lugar determinado se refiere a una zona geográfica determinada, utilizada para designar un producto originario de ellos y cuya calidad, reputación u otras características se deban exclusiva o esencialmente al medio geográfico en el cual se produce, incluidos los factores naturales y humanos.

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