Monstruos y Fósiles

Nuestra acción se dificulta cuando lo que pretendemos hacer no es ensamblar ni mucho menos caminar el fácil recorrido que plantea hablar de lo nuevo buscando en lo viejo. No buscamos trazar secciones que corten la realidad y nos muestren de manera congelada el estado temporal de la información con la cual disponemos, especialmente, cuando pretendemos o creemos – un poco a ciegas – que algo de su producto, de su trabajo, conforma un tejido que colabora con una renovación de la lectura del estado del arte de la arquitectura contemporánea.

La mesa de trabajo e investigacion, aquella superficie plana, blanca y lisa que usualmente nos permite apoyar lo seleccionado y compararlo, no es una mesa, ni es blanca ni es lisa, puesto que las realidades de la arquitectura y los diferentes sucesos que se desarrollan a tráves de los intereses de grupos mafiosos pseudo intelectuales – por fuera del canpo mismo de la arquitectura – hacen que nuestra mesa sea inestable, oscura y sucia. Lo que nos proponemos es localizar el cambio, no las continuidades y mucho menos operar como las fuerzas dominantes “de la tradición” proponen.

La superficie sobre la cual queremos trabajar es el cambio no lo nuevo. Y pocos, o casi ninguno de los criterios habituales que podríamos utilizar para poder filar, arreglar, ubicar y tipificar el tema de estudio, nos sirven para analizar el verdadero cambio que se presenta en algúnos estudios. No es lógico ni útil el marco crítico tradicional de análisis. Aquellos, como los que valoran la funcionalidad del proyecto como si sólo hubiese una manera de organizar el espacio y de ahi su clamor por una arquitectura hiperfuncional; aquellos que plantean de manera irresponsable que toda la arquitectura esta hecha para perdurar y que refuerzan su argumento crítico analítico en las identidades culturales entendidas como identidades materiales; o, aquellos que el respeto por el lugar está más cercano a no interceder con la realidad.

La geografía cultural, los presupuestos, el tamaño de los estudios, sus instrumentos, sus intereses, su modus operandi, son tan variados que ninguna de estas listas, archivos o líneas de clasificación; nos servirían para entender cuál es el aporte o transformación que la idea de “pequeño cambio” aporta al sentido renovador del estado del arte de la arquitectura contemporanea. Las características, entre ellos, son tan disímiles como la relación ecológica que pueden tener la costa Ibérica con los Andes peruanos.

¿Vale la pena preguntarse por la información que estos estudios construyen desde su accionar? ¿Se propone recargar las viejas maneras de hacer y pensar, reinstrumentalizados en nuevas herramientas de información y relación? Y, debido a esta “recarga” ¿logran presentarse como nuevo ensamble e innovación?

Pareciera que vale el esfuerzo desplazar este análisis a terrenos un poco más fangosos, menos explorados y, sin lugar a dudas, mucho más filudos ¿Por qué no preguntarnos por el cambio? ¿Dónde se gestiona y se produce? ¿preguntarnos por aquellos estudios que más allá de su instrumentación, apariencia o estructura formal son capaces de transformar el estado de la práctica? De veras ¿Qué hace un arquitecto hoy? ¿Cómo lo hace? No es acaso pertinente preguntarnos ¿dónde se gestiona el cambio que nos interesa al interior de los estudios seleccionados? Y ¿cuál es el cambio que verdaderamente nos interesa auscultar y exponer?

Debemos viajar al interior de la práctica y sus propósitos a través del tiempo pasado, así como proyectar la realidad de ésta a futuro, para así verificar si la actitud y su accionar que existe en estos estudios está más cerca de los cambios y/o de las variaciones. y así no confundirnos por las apariencias y los reflejos de “lo aparentemente nuevo.”

Esta manera de proceder nos permite localizar y revalorar de manera precisa la idea de evolución; como noción de cambio de los valores, operaciones y propósitos de la práctica; y no como lo plantean los estamentos críticos tradicionales, donde lo nuevo es la reinterpretacion actualizada de lo anteriormente probado, sólo que con un “twist” de sabor, una variación al producto habitual. En la actualidad existe una profunda distorsión de lo nuevo. Se tiende a confundir la variación con el cambio. Las variaciones se producen en la manifestación formal de la arquitectura y, estas variaciones a lo largo de la historia se les ha llamado y se les continuará llamando estilo. El cambio se localiza en la estructura propia del hacer, del procedimiento.

Por lo general, la crítica tradicional no se detiene a observar la práctica de la arquitectura, así que sus cambios pasan inadvertidos. Puesto que la crítica educada y preparada para buscar y trazar genealogías, pasa por alto lo que sucede al interior de los estudios, sus formas de relacionarse con el conocimiento que está a la mano, la técnica disponible, las preguntas, cuestiones o nociones del colectivo que estos grupos tienen o pretenden desarrollar. Ubicar piezas y objetos, para disponerlos sobre una mesa a modo de selección, y luego clasificarlos. Nombrarlos y trazar un marco de referencia para inscribir un fragmento de realidad sobre la clasificación realizada es el guión tradicional y previsible de cualquier actividad que busca constituir ensamblajes de lo nuevo y, con ello, estructurar nueva información para producir conocimiento.

Es frecuente que sea desde la autoreferenciación, el método utilizado por algunas actividades; profesiones o cuerpos de conocimiento para construir lo nuevo. Para hacerse evolucionar a si mismas. Vale la pena resaltar, y es preciso excluir de esta tremenda generalización, aquellas profesiones que se dedican exclusivamente a dar formato intelegible al mundo que nos rodea: La biología, la genética y aquellas que pretenden construir inventarios de lo vivo; no tienen muchas opciones diferentes a este tipo de operación.

Me arriesgo a argumentar que en la actualidad presenciamos un estado de paso referencial y disciplinar entre dos paradigmas. Estamos entre la referencia y el marco intelectual que establece el paradigma moderno y la promesa, la ilusión y la cautela que ofrece el paradigma ecológico. Este estado de paso a medio camino, me obliga a referirme al estado preformativo de las ciencias y la taxonomía. Aquel momento donde se hacían los primeros intentos “científicos” de nombrar, clasificar y establecer un marco referencial para un estado de transición como lo es el paso de la ciencia enmarcada en una actitud-pensamiento teologista, a una ciencia hecha por hombres; Laica y proto científica. A lo largo de este texto utilizaré el marco clasificatorio referencial, planteado por los cientificos del semievolucionismo del siglo XVIII. Debido a las oportunidades que dicha óptica suscita y ofrece. Lo utilizo no como método, sino como herramienta argumentativa que me permite señalar y resaltar ciertas inflexiones y variables que, a mi juicio, se presentan en ese período de construcción de la práctica taxonómica y que hoy nos sirven para construir una óptica y proponer un cambio de enfoque crítico.

Para momentos de transición vale la pena revisar momentos similares ya experimentados, aprender de estos, buscar las diferencias y similitudes; las incertidumbres y oportunidades. En momentos de transición como este; vaporosos e inciertos, donde se replantea la sociedad, el orden político y donde la estructura económica que nos ha acompañado durante los ultimos doscientos años se ha venido al piso, es un despropósito referirse a estados ya consolidados o pretender utilizar las mismas reglas de juego; análisis o referencia para tratar de construir posibilidades de reflexión. Sería como utilizar un microscopio para sacar una imagen de contraste; los dos son dispositivos de visión para mapear la realidad, pero van a escalas y objetivos distintos.

Antes de visibilizar lo anterior de manera tangible, propongo una lectura utilitaria sobre la fabricación de la noción de evolución hecha por Bonnet, Maupertuis, Diderot, Robinet y Benoit de Maillet; la cual llamaré Versión Original para luego proceder a transformarla y construir dos nuevas lecturas a las que llamaré Distorsión 1 y Variación a distorsión 1 respectivamente.

Versión Original

1. Las formas vivas pueden pasar de unas a otras.
2. Que las especies actuales son sin duda el resultado de transformaciones antiguas que han sobrevivido en el tiempo.
3. Que todo el mundo vivo se dirige, quizá, hacia un punto futuro, en tal grado que no puede asegurarse de ninguna forma viva que haya sido adquirida definitivamente y esté estabilizada para siempre.

Distorsión 1. La arquitectura y sus formas.

Suponer que la arquitectura ha pasado de unas formas a otras, que la actual es sin duda el resultado de transformaciones antiguas que han sobrevivido en el tiempo y, que toda esta se dirige; quizá hacia un punto futuro en tal grado que no puede asegurarse de ninguna arquitectura que haya sido adquirida definitivamente y esté estabilizada para siempre.

Aunque estos análisis son estrictamente incompatibles con lo que entendemos hoy como pensamiento evolucionista y no tienen directamente nada que ver con el oficio, profesión o estado de la práctica de la arquitectura, este enfoque si nos permite enunciar un cuestionamiento directo a lo que se nos presenta sobre la mesa de análisis como la arquitectura contemporánea ¿Cuánto de lo que vemos allí en la mesa es realmente nuevo? ¿Qué es lo que se nos presenta como nuevo? ¿Son nuevas las formas? ¿Son nuevas las formas porque están instrumentadas por nuevas herramientas? Si la respuesta a las anteriores preguntas es afirmativa, sólo podemos concluir que lo que hemos realizado en el largo viaje de la arquitectura es construir estilos y que lo que vemos hoy como nuevo, no es más que una variación de estilo.

Variación a distorsión 1. La práctica.

Para la crítica tradicional el centro de debate es la arquitectura y allí buscan lo nuevo, en el producto, no en el procedimiento. Y debido a esto el esfuerzo que se hace en la mayoría de los estudios radica en el producto, que maquillado o remasterizado, enfundado en terciopelo o decorado la mayoría de las veces, pasa de la manera más ingenua por innovación y no la práctica como tal.

Es por eso que la variación a distorsión 1 nos ayuda a visualizar la inmovilidad que la idea de novedad ha depositado sobre el valor de la pràctica al interior de la crítica y por reflejo en algunos estudios:

Pensar que la idea de práctica puede pasar de unas a otras, cambiar. Que la práctica actual es sin duda el resultado de transformaciones antiguas que han sobrevivido en el tiempo. Y Que toda la práctica se dirige, quizá, hacia un punto futuro en tal grado que no puede asegurarse de ninguna práctica que haya sido adquirida definitivamente y esté estabilizada para siempre.

Si esto es cierto que la práctica tambien evoluciona ¿por qué el modelo de organización más usual de los estudios sigue siendo moderno? ¿Por qué la estructura piramidal de arriba a abajo, donde en la parte superior se ubica el “Arquitecto Creador” y arquitectos colaboradores en la parte inferior? ¿Por qué la mayoría de estudios no escriben? ¿Por qué el modelo de trabajo sigue pasando por la elaboración de un boceto por parte del arquitecto creador y luego los colaboradores “lo desarrollan”? ¿Puede una estructura de práctica estática, inmóvil, y moderna, construir lo nuevo, gestionar el cambio?

Aunque ni la distorsion 1 ni la la variación a la distorsión 1 nos ayudan a esclarecer la realidad, esto si que nos permite realizar una comparación razonada de los dos modelos que se presentan: Las formas de la arquitectura y los cambios de la práctica como manifestación de lo nuevo, de la variación al cambio. Para así resaltar que sin un replanteamiento en la estructura de procedimiento es casi imposible construir lo nuevo.

Monstruos y Fósiles

La crítica tradicional desconoce y descalifica la cuestión más relevante del cambio operativo el cual es el siguiente: los estudios de arquitectura que transforman la práctica, construyen un tercer orden operativo; porque estos proponen y ejecutan una práctica teórica y una teoría practicada, poniendo fin a una disociación operativa de crítica y proyecto, construcción y enunciado.

Para construir la novedad y presentarla como verdadera y oficial, la primera operación que ejecutan los responsables de la historia de la teoría y la crítica de la arquitectura parte de trazar vínculos de aquello que se presenta como nuevo con el pasado o con categorías ya establecidas (estilos) y a partir de transferir cualidades del pasado – ya probado y validado por el peso de la historia – presentarlo como innovación, bajo el opaco y pardójico argumento de que estos proyectos son innovadores porque extienden la tradición cargándola de nuevos valores pertenecientes al sentido de estos tiempos. Buscan fósiles, son arqueólogos; buscan y refieren algo que ya ha existido y ha sido visto.

Escribir y valorar lo antes visto es más fácil que escribir en la oscuridad de lo verdaderamente nuevo. Aquellos proyectos que presentan la mayor cantidad de cadenas de relación con proyectos o actitudes del pasado que mayor evocación despierta a los críticos y a los cuales es más fácil trazarles pedigree, por lo general, son los mejor recibidos, mejor tratados, son los elegidos y los que más circulan; son aquellos que se hacen “más verdaderos” y son la materia prima para construir ensamblajes críticos. Éstos, por lo general están protegidos, no están a merced de la crítica moralista, aquella que descalifica lo nuevo por que no tiene vínculos fáciles de trazar con el pasado, aquella que no tiene pedigree histórico o que no hace parte de la historia de la arquitectura mediterránea.

En el siglo XVIII era preciso encontrar figuras que permitieran conciliar los métodos y las clasificaciones. Se presentaban ciertos “seres” que no cabían en las categorías acordadas. Estos sólo podían dar origen a un apartado especial dentro de dicha taxonomía; una estructura que permitiera establecer un cuadro de identidades y dieferencias y que sobre esta base se pudiera dirimir la localizacion de seres extraños; hablamos precisamente de Fósiles y Monstruos.

1. Fósiles

En el siglo XVIII el fósil, con su naturaleza mixta de animal y mineral, es el lugar privilegiado de una semejanza que el historiador del continuo exije. El fósil permite subsistir las semejanzas a través de todas las desviaciones recorridas por la naturaleza, funciona como una forma lejana y aproximativa de identidad, señala un semicaracter en el cambio del tiempo. El fósil recuerda, en la incertidumbre de sus semejanzas, los primeros intentos obstinados de identidad. A lo largo de una historia tal, los signos de la continuidad no pertenecen más que al orden de la semejanza (Referencia positiva, uno se apoya en otro para explicarse y explicar, la herencia de lo referencial, sólo se pueden explicar en la medida del lenguaje ya existente, su escala de valores, cualidades y condiciones son explicadas sobre el mismo marco referencial “Z” utiliza la referencia de “Y” porque “Y” fue hecho por o es como “X”, cadenas de relación secuencial de tipo generacional, linajes, tradiciones o herencias)

No es acaso directa la relación entre la crítica tradicional y la arqueología? No son acaso los arquitectos (fósiles) que extienden el tiempo y la historia más fáciles de analizar y proclamar como innovadores? Estos conservan y nos recuerdan las identidades de otras formas de la arquitectura (fósiles), nos permiten hacer uso de la historia, los linajes y las especies que les dieron forma.

Los fósiles (las formas de la arquitectura) son coleccionables y reales, se pueden tocar, caracterizar y asentar sobre la mesa. No son producto de nuestra imaginación ni nos asustan. Siempre son hayados en lugares mapeables, codificables y con coordenadas X.Y.Z.
Los fósiles (las formas de la arquitectura) se tienen en casa, se les presentan a los amigos y van a exposiciones. Los fósiles se estructuran sobre la materia inherte para perdurar en el tiempo, su mezcla de animal roca, garantiza su estabilidad y continuidad.

2. Monstruos

El monstruo (el cambio radicado en la práctica) asegura en el tiempo y con respecto a nuestro saber teórico, una continuidad que los diluvios, los volcanes y los continentes hundidos mezclan en el espacio para nuestra experiencia cotidiana, la historia nunca narrada. El monstruo (el cambio radicado en la práctica) hace aparecer la diferencia, la diferencia carece de ley, no tiene una estructura bien definida. El monstruo (el cambio radicado en la práctica) es la cepa de la especificación. Pero en la lenta obstinación de la historia éste no es más que una subespecie. El monstruo (el cambio radicado en la práctica) cuenta la génesis de las diferencias.

El monstruo (el cambio radicado en la práctica) es producto de nuestra imaginación, no existen si no como mitos, leyendas o en lugares fantasiosos; no son clasificables. Sabemos que algunos vuelan, expulsan fuego por su nariz, su sangre es sanadora y hasta comen niños. No tienen una forma definida o característica precisa. Se sabe poco de su edad, longevidad o lugar de operación. Los monstruos (el cambio radicado en la práctica) son impresentables, no se sabe mucho de ellos, como producen el fuego, o porque vuelan.

Conclusiones temporales

1. A la evolución de la arquitectura se le llama estilo. Y este se apoya en nuevos instrumentos prácticos, herramientas de representación. Este modelo construye variaciones, considera que el material a transformar y dar forma es el vacío. Considera que el territorio de operación es la construcción material de su proceder. La construcción como fin necesario y justificativo de su proceder. Si no hay construccion no hay realidad. El escribir es cosa de la crítica. La reflexión se produce por fuera del proyecto. Para este modelo la arquitectura representa, es una y unívoca, es moralista y dogmática. Se presenta a los otros bajo enunciados de “La arquitectura debe ser…es…” Este modelo es un fósil.

2. A la evolucion de la práctica no se le llama. No ha sido clasificada. Se apoya en nuevas herramientas de manera multi-instrumentada: sociología, biología, economía, construcción, teoría arquitectónica, ingenierías, etc. Hace uso de cualquier recurso necesario y disponible para amplificar su impacto. Este modelo gestiona el cambio. Considera que el territorio de operación es la inteligencia. Hace uso de cualquier insumo que le permita transformar la realidad a partir de la amplificación del significado literal de espacio: Dar espacio, liberar espacio, espacio de dialogo, espacio de encuentro, espacio de oportunidad, etc. Para este modelo la arquitectura desempeña, presenta capacidades, transforma y está viva, es orgánica y cambiante. Su obsesión constante es la de encontrar maneras de redefinir la práctica, ampliando la idea de la arquitectura, no como la operación constructiva para dar forma al vacío, sino como la administración, producción y gestión del espacio. Este modelo es un monstruo.

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